Cincuenta y tres estaciones en paralelo del Tokaido, estación Hamamatsu

Kuniyoshi (1797 - 1861)

Editor: Kojima Jubei

 Miniaturas


Este grabado nos transporta  a la célebre serie comercial "Cincuenta y tres emparejamientos para la carretera Tōkaidō" (Tōkaidō gojūsan tsui), publicada entre 1845 y 1846. En esta ocasión, la obra lleva la inconfundible firma del maestro Utagawa Kuniyoshi (visible en el margen inferior izquierdo como Ichiyūsai Kuniyoshi ga). Esta serie fue un hito histórico de la imprenta que unió a los tres grandes genios del momento (Hiroshige, Kunisada y Kuniyoshi) para vincular cada parada de la famosa ruta con figuras históricas, mitos locales o piezas de teatro Kabuki. Aquí nos situamos en la estación de Hamamatsu, y la escena ilustra un episodio melancólico y trágico de las Guerras Genpei protagonizado por el comandante prisionero Taira no Shigehira.

El peso emocional y visual de la composición recae de forma absoluta en la monumental figura femenina del primer plano. Representa a Senju no Mae, una hermosa dama de la corte y talentosa artista que fue enviada para entretener y consolar a Shigehira durante su cautiverio en manos del clan Minamoto, poco antes de su ejecución. Kuniyoshi la retrata en una postura de profunda melancolía y reflexión, con la mirada lánguida y el rostro apoyado suavemente cerca de su mano. Su vestuario es un auténtico alarde de diseño textil: luce un fastuoso kimono en tonos gris oscuro adornado con grandes mariposas azules y intrincados patrones florales, cuya tela se pliega de forma casi escultórica a su alrededor. Su complejo peinado está coronado por una exuberante colección de horquillas (kanzashi) cubiertas de pequeñas flores azules, creando una impecable armonía cromática con su atuendo.

La brillantez narrativa de Kuniyoshi se revela en el inteligente uso del espacio arquitectónico para contar la historia sin palabras. Detrás de la mujer, los paneles correderos se abren hacia el exterior, enmarcando una "escena dentro de la escena". Allí, sentado en la galería de madera (engawa) con un abanico dorado en la mano, vemos al propio Taira no Shigehira. La presencia de dos severos samuráis armados, sentados en el nivel inferior del jardín, nos confirma visualmente su trágico estatus: conserva la dignidad de un noble de alto rango, pero es un prisionero bajo estricta vigilancia. El sereno paisaje de pinos  en la distancia contrasta amargamente con la fatalidad de su inminente destino.

Por último, los delicados elementos gráficos terminan de redondear la estampa. En la esquina superior derecha destaca el contundente título de la serie en gruesos caracteres blancos sobre fondo negro. Justo a su izquierda, Kuniyoshi introduce un exquisito cartucho con forma de abanico redondo tradicional (uchiwa). Este espacio está poéticamente adornado con una bandada de mariposas azules que revolotean sobre la caligrafía, la cual detallaba a los lectores de la época el trasfondo literario de los personajes. En conjunto, es una pieza magistral que combina a la perfección la elegante delicadeza del retrato femenino con la inevitable gravedad del relato histórico, demostrando por qué Kuniyoshi sigue siendo considerado uno de los narradores visuales más geniales del periodo Edo.