Utagawa Kunisato  国郷 (? –1858)

Fecha: 1850-58

Miniaturas


Este  grabado nos presenta una muestra del formato kakemono-e (una impresión vertical conformada por dos hojas unidas por el centro), diseñado específicamente para emular los elegantes rollos colgantes de pintura tradicional. A diferencia de otras obras donde la autoría puede ser ambigua, aquí la firma es sumamente nítida: en el cartucho rojo situado en la esquina inferior derecha, los caracteres caligráficos revelan el nombre 立川齋國郷画 (Rissensai Kunisato ga). Este es el seudónimo artístico de Utagawa Kunisato, un talentoso artista activo durante la década de 1850 y discípulo directo del titán del ukiyo-e Utagawa Toyokuni III (Kunisada), de quien asimiló claramente la maestría en las proporciones y el diseño textil.

La escena nos sumerge de lleno en el exclusivo mundo del takagari o cetrería. Durante el periodo Edo, la caza con aves de presa no era un simple pasatiempo, sino un deporte noble, un entrenamiento militar y un símbolo de estatus estrictamente reservado para el shogun y los samuráis de más alto rango. Sin embargo, un detalle magistral en el fondo eleva el significado de la composición: justo detrás del halcón, trazada con líneas pálidas y sutiles en la parte superior izquierda, se alza la inconfundible silueta cónica del Monte Fuji. En el folclore japonés, la antigua creencia del Hatsuyume dicta que el primer sueño del año más propicio es aquel en el que aparece el Monte Fuji seguido de un halcón, augurando inmensa buena suerte, éxito y grandeza. Este profundo simbolismo sugiere que la estampa fue probablemente un lanzamiento especial para celebrar el Año Nuevo, cargada de connotaciones altamente auspiciosas para su comprador.

El personaje central, cuya mirada se cruza estoicamente con la de su majestuosa ave, exhibe toda la dignidad propia de su élite. En su cabeza porta un eboshi, un gorro negro tradicional lacado que se asocia históricamente con la nobleza de la corte y los guerreros de alto nivel. Viste un sobrio pero lujoso haori (chaqueta exterior) de color negro profundo, adornado en los hombros con emblemas familiares (mon). En la parte inferior, la tela negra da paso a unos amplios pantalones plisados (hakama) en un elegante tono azul verdoso, surcado por finísimas líneas verticales. Acomodadas en su faja asoman las empuñaduras blancas de su daishō (el par de espadas, larga y corta), el símbolo indiscutible que certifica su estatus samurái.

El verdadero clímax visual se concentra en el centro exacto de la acción. Para protegerse de las afiladas garras del animal, el noble viste un grueso guante azul en su mano izquierda. Kunisato demuestra en esta área su auténtico genio para el color: utiliza el potente rojo de los gruesos cordones de seda (las pihuelas o jesses) que se enredan en la muñeca, sumado al audaz amarillo texturizado de la faja interior (obi) y al llamativo cordón verde trenzado del pecho (kumihimo), para inyectar una vibrante explosión cromática. Estos vívidos detalles rompen a la perfección con la severidad del traje oscuro y el fondo neutro.