Fecha: 1850

Este grabado nos transporta al periodo Edo, enmarcándose dentro del género bijin-ga (imágenes de mujeres hermosas). La obra nos presenta a una oiran, una cortesana de altísimo rango, capturada en una pose clásica y sumamente elegante conocida como mikaeri (mirando hacia atrás por encima del hombro). Esta postura no solo añadía dinamismo a la composición vertical, sino que resaltaba la nuca, considerada una de las zonas más sensuales en la estética japonesa de la época.
La caligrafía situada en el lado izquierdo de la composición es nuestro pase VIP al Yoshiwara. El texto se divide en tres columnas que funcionan como la tarjeta de presentación de esta celebridad del mundo flotante:
Columna derecha: Lee 江戸町一丁目 (Edo-machi Itchōme), indicando la calle exacta y el barrio donde operaba.
Columna central: Lee 玉屋内 (Tamaya-uchi), que significa "Dentro de la casa Tamaya". La casa Tamaya era uno de los establecimientos de mayor prestigio y lujo de todo el distrito.
Columna izquierda (letras más grandes): Lee 薄雲 (Usugumo). Este es el nombre poético de la cortesana, que se traduce literalmente como "Nubes finas" o "Nubes ligeras".
Visualmente, el artista despliega todo un arsenal de códigos de moda para dejarnos claro que Usugumo está en la cima de la jerarquía. Su cabeza es una obra de arte en sí misma, coronada por un peinado pesado y complejo del que sobresalen numerosas peinetas y largas horquillas (kanzashi y kōgai), muy probablemente talladas en valioso carey. Además, el imponente lazo de su cinturón (obi) atado por delante es el sello inconfundible de su profesión, diferenciándola inmediatamente de las mujeres corrientes.
El diseño textil de la obra es simplemente espectacular, demostrando la maestría técnica de los impresores para recrear las texturas de la seda. Usugumo viste una túnica exterior de un tono azul oscuro o carbón, sobre la cual desciende en picado un magnífico fénix (hōō) de plumaje rojo vibrante, volando sobre hojas de bambú. Esta ave mitológica, asociada con la realeza y el esplendor, es una metáfora perfecta de la propia cortesana. Este fondo oscuro contrasta de manera dramática con los tonos salmón y rosados de su obi y sus ropajes interiores, creando una pieza visualmente deslumbrante que culmina en el delicado detalle de su pie descalzo asomando por el dobladillo inferior, añadiendo un toque de intimidad a su imponente presencia.