Hishikawa Ryukoku (activo 1801-1818)
Fecha: 1801-1808

Este grabado en madera es del género del bijin-ga o "imágenes de mujeres hermosas". Gracias a la firma claramente visible en el lado izquierdo inferior, que reza 柳谷画 (Ryūkoku ga, "dibujado por Ryūkoku"), podemos atribuir esta magnífica obra al artista Hishikawa Ryukoku, un maestro activo durante las dos primeras décadas del siglo XIX (aprox. 1804–1820), célebre por sus retratos femeninos de gran delicadeza clásica.
El formato de esta pieza es particularmente especial. Se trata de un kakemono-e, un grabado vertical y alargado diseñado para imitar las pinturas en rollo tradicionales. Para lograr esta longitud, los impresores unían verticalmente dos hojas de papel de tamaño estándar (ōban); de hecho, si te fijas con atención a la altura de los codos de la figura, podrás distinguir claramente la sutil línea horizontal donde ambas hojas fueron pegadas. Este formato monumental estaba pensado para colgarse en las alcobas de las casas y requería una composición magistral para mantener el interés visual de arriba abajo.
La protagonista indiscutible de la obra es una oiran, una cortesana de alto rango de los famosos barrios de placer de Edo, como Yoshiwara. Ryūkoku nos revela su estatus y profesión a través de códigos visuales muy precisos. El primer indicador es su espectacular y pesado peinado, adornado con una cantidad exuberante de elaboradas horquillas y peinetas (probablemente hechas de carey). El segundo, y quizás más revelador, es la forma en que lleva atado su imponente cinturón (obi): un enorme e intrincado lazo que cae por la parte delantera de su cuerpo, una característica exclusiva de las cortesanas para distinguirse de las mujeres casadas o solteras, que lo anudaban a la espalda.
A nivel técnico y estético, el grabado es un festín de diseño textil, mostrando la increíble habilidad de los talladores de madera de la época. El suntuoso vestuario de la cortesana se compone de múltiples capas de sedas estampadas que contrastan entre sí. Destacan los delicados crisantemos (kiku) que florecen sobre tonos ocres y verdes, superpuestos a un audaz fondo geométrico de hexágonos entrelazados adornados con motivos de nubes y flores. En la parte inferior, la túnica revela un elegante patrón ondulado que simula agua o redes, salpicado de medallones redondos, y rematado por el inconfundible patrón de tablero de ajedrez (ichimatsu).
En conjunto, Ryūkoku no solo captura la belleza idealizada y lánguida de la mujer de la era Edo, con sus rasgos finos y su tez blanca como la nieve, sino que también nos ofrece un documento histórico sobre la opulencia y la sofisticada moda de la élite de la época.